Victoria como niño cantor de la Catedral de Ávila durante el magisterio de Juan Navarro (1564-1566)

Sonsoles Ramos Ahijado, musicologist

Tomás Luis de Victoria fue niño cantor en la Catedral de Ávila desde 1557 hasta 1567, lugar en la que unos años antes (1526-1530) había sido maestro de capilla el gran polifonista Cristóbal de Morales. Por tanto, Victoria no fue discípulo de Morales. Sin embargo, sí se vio favorecido por el alto ambiente musical de la Catedral abulense en el siglo XVI, al que contribuyó Morales, ya que de los tres maestros de capilla que tuvo en la Catedral abulense, Jerónimo Espinar (1557-1558), Bernardino de Ribera (1559-1562) y Juan Navarro (1564-1566), éste último fue alumno de Cristóbal de Morales.

Pero, el 18 de mayo de 1562 el maestro Ribera se despide del cabildo abulense porque “se quedó de maestro de capilla en Toledo” entonces, hasta la contratación oficial del siguiente maestro de capilla, Juan Navarro el 26 de febrero de 1564, ¿quién imparte clases de música al joven Victoria? de nuevo relatan las actas capitulares que “entre tanto se halla (maestro de capilla), muestre a los muchachos el racionero Dueñas”, a pesar de que el cabildo desde el tres de noviembre de 1563 está gestionando, sin éxito, la venida de Matías Chacón, maestro de la Catedral de Sigüenza, con quien ya había tratado el cabildo en 1558, a la muerte de Jerónimo Espinar sin obtener ninguna conformidad.

El 26 de febrero de 1564, el cabildo otorga la ración de maestro de capilla al “clérigo sevillano” Juan Navarro, demostrando especial interés en contar con sus dotes musicales, ya que sin edictos ni oposición, gestionó su llegada a la Catedral, favoreciéndole económicamente para “servir todos los días de su vida a la dicha Santa Iglesia de Ávila en el dicho oficio de maestro de capilla”.

Navarro se sintió atraído por el ambiente musical de la Catedral de Ávila, pues en el siglo XVI era un lugar de gran actividad musical en manos del Obispo Álvaro de Mendoza, y además, a la ración entera que le concedían, le sumaban 80 ducados de la fábrica por año y 12 ducados de ayuda de costa para efectuar el traslado.

El maestro Navarro contribuyó de manera decisiva a la formación y gusto musical del joven Victoria durante los dos años y ocho meses que duró su magisterio abulense, pues comenzó una etapa de mayor dinamismo en la Catedral de Ávila, en la que las actividades musicales eran incesantes. Muestra de ello son los constantes agradecimientos y gratificaciones que recibió el maestro a su llegada en 1564 “buen trabajo realizado con los muchachos”, “veinte ducados al maestro de capilla por razón de lo que ha trabajado en la fiesta del Corpus Christi”, demostrando confianza en él, ya que se le da libertad para “que él tome de ellos (20 ducados) lo que le pareciere, y lo demás lo reparta a quien (él) viere que lo ha merecido en las representaciones que se han hecho en dicha fiesta”.

La estancia del maestro Navarro en la ciudad abulense fue fundamental.

Las actividades musicales que el maestro Navarro dirigía dentro y fuera del templo catedralicio, en las que el joven Victoria participaba, se caracterizaron por un gran esplendor y solemnidad. Así, el cabildo siempre demandaba la presencia del maestro para cualquier celebración o festividad. Como por ejemplo el 12 de septiembre de 1565, en que nos consta que el maestro estaba enfermo, y el cabildo requirió urgentemente su presencia en la Catedral para los ensayos de una “fiesta de música”. Así, el 17 de septiembre, comienzan los preparativos. El cabildo autoriza a Navarro para “que escriba una carta al famoso cantor Alexandro de la Serna, contralto” ofreciéndole media ración, y el 8 de diciembre de 1565, el cabildo autoriza al deán y al sochantre para que ofrezcan a otro cantor aún más famoso, “Mosén Roque, contrabajo, y se le haga el mejor salario que pudieran”.

La estancia del maestro Navarro en la ciudad abulense fue fundamental. Debido a su éxito como maestro de capilla en Ávila, comienza a atraer la atención de todo el país en 1565, por no hablar de su actividad creadora, que el cabildo abulense ya recompensó el siete de enero de 1566 “que libren al maestro de capilla trescientos reales, habiendo consideración al libro que ha hecho de himnos en canto de órgano, y para gratificación de las representaciones que se han hecho en la festividad del Santísimo Nacimiento de Nuestro Señor” siendo la primera versión de himnos que realizó.

Pero, el 27 de septiembre de 1566, habiendo quedado recientemente vacante el cargo de maestro de capilla de Salamanca, el cabildo de la mencionada ciudad decide invitarle a que la ocupe sin necesidad de pasar por ninguna prueba de capacitación profesional previa. Y, el 9 de octubre del mismo año, el cabildo de Ávila le concede un permiso “dieron licencia al maestro de capilla Juan Navarro por un período de quince días”. Probablemente, durante esta ausencia Navarro visitó Salamanca y regresó a Ávila dispuesto a partir de nuevo, ya que el cabildo de Ávila, en una sesión especial celebrada el 23 de octubre, decide aumentarle el sueldo en 30000 maravedís para que no se les vaya, incluso al día siguiente resuelve de nuevo aumentárselo en otros 30000 al año, siempre y cuando se comprometa a permanecer de por vida en Ávila.

El maestro tarda varios días en tomar la decisión de trasladarse, pero finalmente, el jueves 7 de noviembre de 1566 abandona la localidad abulense. Al objeto de evitar el nerviosismo de protestas y recriminaciones de última hora, se aleja sin haber solicitado previamente los permisos oficiales para abandonar el lugar. Al día siguiente, el cabildo le reprende a él y al promotor de su huída (Juan Sánchez, sochantre de la catedral).

Juan Navarro fue el maestro definitivo de Tomás Luis de Victoria durante dos años y algo más de ocho meses. Modeló su genio musical cuando era un joven, de los 16 a los 18 años. Poco después, a mediados de 1567 Victoria se traslada a Roma. Allí completará sus estudios musicales, teniendo presente que llegó con muy buen bagaje musical, pues la Catedral de Ávila había sido su escuela con los maestros de capilla Jerónimo Espinar, Bernardino de Ribera y Juan Navarro con quienes vivió un cálido e intenso ambiente de actividad musical diario, dentro y fuera del templo catedralicio abulense.