Otro ilustre polifonista abulense: Sebastián de Vivanco (I)

Verónica Rioja Fernández, musicóloga

Su nombre es prácticamente desconocido, su obra apenas suena entre los intérpretes de polifonía de nuestro tiempo, su labor es escasamente reconocida y los estudiosos han prestado poca atención a su figura.

¿Por qué razón la historia le ha hecho tan poca justicia a Sebastián de Vivanco? Probablemente el hecho de haber nacido en la misma época y la misma ciudad que el astro de la música Tomás Luis de Victoria haya eclipsado a este gran compositor, aunque afortunadamente en las últimas décadas su estudio y valoración van situando poco a poco al Maestro Vivanco donde merece.

Se desconoce la fecha exacta de su nacimiento, pero se calcula que fue alrededor de 1551, tres años más tarde que el supuesto año de nacimiento de Victoria. Ambos compartirían los primeros años de formación en la catedral de Ávila como niños de coro, y aprenderían música de los maestros de capilla Bernardino de Ribera, Juan Navarro y Hernando de Isassi. A través de ciertas actas capitulares sabemos el origen de Vivanco, y también por la denominación de abulensis en su primer libro de Magnificats que publicó en 1607. Sin embargo no conocemos datos de su infancia en Ávila ni de su familia, salvo que tuvo un hermano, Gabriel, que se inclinaría por la clerecía.

Cuando contaba con veinticinco años, siendo aún subdiácono, se marchó a Lérida a ocupar el cargo de Maestro de Capilla de la catedral de dicha ciudad. Un Maestro de Capilla dirigía al grupo de cantores o instrumentistas responsables de la música sacra de la catedral u otras celebraciones religiosas populares, formaba a los niños de coro (seises) y componía piezas destinadas a fiestas especiales, como Navidad o Corpus Christi. Permaneció poco tiempo allí, dado que el cabildo catalán da por finalizado su contrato de forma repentina “por ciertas causas justas que no afectan a su honor”; y ese honor se mantuvo intacto, porque meses más tarde, en febrero 1577, fue llamado a ocupar el maestrazgo de la catedral de Segovia, donde permaneció alrededor de diez años.

El nombre de Vivanco se extendió entre las catedrales más importantes de la Península, y prueba de ello es la invitación que recibe del cabildo de la catedral de Sevilla, prometiéndole un salario “que merece a una persona de su eminencia”. Al mismo tiempo el cabildo de la catedral de Ávila se interesa por el compositor, puesto que el maestro que está en activo en la capital abulense, Hernando de Isassi, “es anciano y está cansado”. Quizá a Vivanco le complaciese volver a su tierra natal, aunque no pudiesen igualar la oferta de Sevilla. El insigne compositor Francisco Guerrero ocupaba el maestrazgo de la capital andaluza y requería los servicios de Vivanco para que se ocupase de los seises, y además había de marcharse a Roma a editar un libro de obras suyas. Vivanco se traslada a Sevilla, pero la estipulación que recibe supliría la ausencia de Guerrero durante un tiempo indeterminado, sin concreción de un futuro profesional en su contrato.

Los meses sucesivos supondrían un trasiego de ofertas y contraofertas por parte de ambos cabildos, pero bien por lo incierto de la oferta de Sevilla, bien por sus deseos de vivir en la ciudad de donde era oriundo, el caso es que Vivanco se traslada a Ávila definitivamente y toma posesión de su cargo en marzo de 1588. En Ávila alquila una casa detrás de la Iglesia de Santo Tomé (actual Museo Provincial) y se hace cargo de la capilla catedralicia, que contaba con un organista, contrabajos, contraltos, tiples, tenores, sochantres (maestros de coro), ministriles (instrumentistas de viento o cuerda), maestros de canto llano y seises o niños de coro.

Quizá a Vivanco le complaciese volver a su tierra natal, aunque no pudiesen igualar la oferta de Sevilla.

Apenas se conocen datos de su etapa abulense, pero se conserva una fuente de incalculable valor que nos ofrece una descripción detallada de una celebración que aconteció en Ávila en septiembre de 1594. El escritor Antonio de Cianca narra los diez días de fiesta que hubo con motivo del traslado del patrón san Segundo. Según esa crónica, “el obispo dijo Misa de pontifical de la misma festividad del santo, con mucha música a tres coros, uno del órgano con seis cantores, y otro de ministriles con otros seis cantores, y en otra parte todo el resto de la capilla, en la cual hubo motetes, tañidos y cantados, y otros géneros de música, todo con mucho artificio". Vivanco tuvo que hacerse cargo de la música y compondría los motetes destinados a esos fastos. También durante su estancia en Ávila y encontrándose ya Tomás Luis de Victoria en Madrid, Vivanco recibió unos ejemplares de composiciones de su coetáneo para que los cantores lo examinaran, pero los rechazó, ya que “no son a propósito de esta santa iglesia”. Se desconocen más datos de la relación entre ambos compositores, pero es evidente que Vivanco no tenía en alta estima la música o la figura de Victoria.

En cualquier caso, al hecho de que Vivanco fuese demandado por las mejores catedrales de la época y que el cabildo de Ávila lo designara como “un ornamento para esta catedral”, hay que añadir su presencia entre los personajes más ilustres de la ciudad cuyos nombres están grabados en el pedestal de la Plaza de Santa Teresa, erigido en 1882, donde Vivanco figura como el único músico.

Su labor compositiva, que abarca gran número de motetes, misas y magnificats y que fue editada en Salamanca, ha sido revivida y grabada por uno de los mejores directores del momento, Michael Noone, entre otros. Esa etapa en Salamanca, que comenzó en 1602 y que encierra algunos de los hitos más grandes del abulense como músico, será relatada en el próximo artículo, desvelando cómo fue su vida en la ciudad universitaria hasta el final de sus días.
 

Todo ello da muestras de que nos encontramos ante una figura de cualidades musicales y de talento compositivo innegables, y que, aunque hasta ahora haya sido poco reconocido, su nombre ha de figurar entre los personajes ilustres de nuestra ciudad, dejando constancia de que Ávila ofreció una formación de una calidad extraordinaria y un entorno musical de tal envergadura que ha dado vida a dos de los más grandes compositores del Siglo de Oro español.

 

[Published on Diario de Ávila on 22th. of October 2011, in a series about IV Centenary of Victoria's death]