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RISM: 
V1435
Cramer: 
P12, 1600a
Thomae Ludovici de Victoria Abulensis Sacrae Caesarae Maiestatis capellani missae, magnificat, motecta, psalmi, et alia quam plurima. Quae partim octonis, alia nonis, alia duodenis vocibus concinuntur. Permissu superiorum. Matriti, ex Typographia Regia. Anno M. DC. [Haec omnia sunt in hoc libro ad pulsandum in organis.]

Diez cuadernos: chorus I (cantus I, altus I, tenor I, bassus I) y chorus II (cantus II, altus II, tenor II, bassus II); más cuaderno para las voces novena, décima, undécima y duodécima; más cuaderno "para los organistas".

Dedicatario: Felipe III

 

[Portada: fotografía digital del Archivo General Diocesano de Valladolid ©]

Dedicatoria

A FELIPE III, MONARCA SUPREMO DE AMBOS MUNDOS,

Tomás Luis de Victoria, Capellán de su sagrada y cesárea majestad.

 

Todos saben, Rey supremo, que en tu ánimo ha existido ese mismo gusto por la armonía musical que en otro tiempo tuvo aquel Alejandro Magno al que presentan con no menor deseo de componer un poema o de tocar la lira que de verse arrastrado por el afán de guerrear; y lo mismo cuenta Homero de Aquiles y Plutarco de otros muchos caudillos y reyes. Hacían esto aquellos principales caudillos y poderosísimos reyes para apartar las inquietudes de sus ocupaciones y aplacarlas mejor con tan noble deleite. Y con ello sucedía que se deleitaban con la dulzura de la música pero también que la misma música a su vez recogía mucho ornato de los grandes reyes, pues la condición real es de tal suerte que se basta por sí misma para honrar cualquier actividad de los mortales. Así pues, ya que el deleite musical debe mucho a aquellos príncipes, a ti, que tienes por costumbre mezclarlo con las gravísimas preocupaciones del Reino, te lo debe especialmente hasta el punto de que con el patrocinio indubitable de tan gran Monarca, supera a partir de este momento a sus restantes hermanas a las que llaman bellas artes. Haces esto casi diría que por necesidad; pues ¿qué otra evasión más gratificante de las preocupaciones que suelen presentarse a los reyes que la música? Pues como así  toda ella consiste en un cierto sonido concordante de voces discordantes, también así un único afecto de los ciudadanos une sus diversas costumbres, consiguiendo que suenen a los oídos de los Reyes como algo grato y casi diría que celestial. Esto me impulsó a dedicarte estos himnos, estas misas solemnes y cánticos. Pues no podría esperarse de mi ningún regalo más apropiado a tu persona; de mí, (digo) como Capellán de tu  Sacratísima y Augusta abuela, para ti, que, como Rey devoto y muy entregado a  los asuntos de la Iglesia, sueles ocuparte de ellos con gran placer de tu ánimo y de ahí los trasladas a tu devoción y a tu piedad. Al aceptarme tú este regalo, sucederá que esté a resguardo de toda  procacidad de las lenguas y también que los que ofician las Misas solemnes con Himnos y Cánticos en este muy afamado templo de tu Augustísima tía Juana se vuelvan más alegres para el culto cotidiano del Dios verdadero.

 

Traducción: Luis González Platón. 

Fuente bibliográfica: Tomás Luis de Victoria: Pasión por la música, Ana María Sabe Andreu, Institución Gran Duque de Alba, Ávila, 2008.

 

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